fbpx

Estados depresivos en las personas migrantes – 1º Parte

Dedicatoria

A cada uno de los seres migrantes que, por ignorancia, intereses, pereza o excesivo dolor, guardamos en la oscuridad del olvido.

Agradecimientos

Expreso un especial agradecimiento a mis ancestros, todos migrantes.
A todos los que por acción u omisión acompañaron mis migraciones.
A cada uno de los seres que dedicaron y dedican su visión y su acción a des‑cubrir/transmitir variadas prácticas y saberes para el bien vivir.
Por último, al libro “Emigrantes” de Shaun Taun, que voló inexplicablemente, desde la biblioteca hasta mí, para ilustrar e inspirar al presente escrito.

Ilustración de tapa del libro: TAN, Shaun (2006). Emigrantes. Bárbara Fiore Editora.

Los estados depresivos en la población adulta migrante; los sentires de vulnerabilidad y confianza en relación a la concepción/vivencia del tiempo; posibles acciones terapéuticas.

Más de 247 millones de personas (el 3,4 % de la población mundial) vivimos fuera de nuestros países de nacimiento. Aunque el número de migrantes internacionales pasó de 175 millones en 2000 a más de 247 millones en 2013, la cuota de migrantes se ha mantenido por encima del 3 % de la población en los últimos quince años.

Uno de cada cinco migrantes nacidos en el extranjero vive en una de las 20 ciudades más pobladas del mundo. En muchas de esas ciudades, como Sydney, Londres y Nueva York, los migrantes representan más de una tercera parte de la población y, en ciertas ciudades como Bruselas y Dubai, constituyen más de la mitad de la población.

La migración, especialmente en los últimos años, puede traducirse en condiciones de exclusión y vulnerabilidad para las personas que se trasladan, y en menor grado para las comunidades de acogida. Los migrantes suelen hacer frente a barreras y obstáculos de tipo jurídico, cultural y social y a dificultades en el acceso a la vivienda, el empleo, la educación, la salud y otros servicios sociales. Esas barreras pueden obligarlos a vivir en condiciones de exclusión, segregación y vulnerabilidad.

Respecto a las mujeres migrantes, hemos sido por lo menos desde la mitad del siglo pasado, casi tan numerosas como los hombres. Pero a diferencia de antaño, las mujeres migrantes de la actualidad dejamos nuestros lugares de origen de forma autónoma para integrarnos a la fuerza laboral de los países receptores. Aproximadamente el 18.3% de estas mujeres migrantes vivimos por debajo de la línea de pobreza, frente al 15.2% de hombres migrantes; además, el 31% de los hogares encabezados por una mujer migrante son más pobres, en comparación con el 15% de los que cuentan como jefe a un hombre migrante. Muchas de las mujeres que dejan sus países se integran a los niveles más bajos del escalafón laboral: en el servicio doméstico, en el sector de entretenimiento, como ayudantes en el sector hotelero, limpiadoras, vendedoras, trabajadoras manuales, así como sexo servidoras; todos ellos trabajos precarios, tanto en salarios como en prestaciones sociales.

Como muchos sabemos hoy en día, las presiones socioeconómicas persistentes constituyen un riesgo bien conocido para la salud mental de las personas y las comunidades. Los problemas de salud mental pueden estar condicionados por cambios sociales rápidos, condiciones de trabajo estresantes, discriminación de género, exclusión social, modos de vida poco saludables, riesgos de violencia y mala salud física y violaciones de los derechos humanos. Lamentablemente, los migrantes estamos especialmente expuestos a todos estos peligros.

Soy nieta de migrantes que desde de cuatro estados europeos diferentes atravesaron fronteras y mares para acabar viviendo en Argentina. Cada uno transmitió a sus hijos y nietos sus motivos: destierro familiar por no obedecer los mandatos paternos y de clase; extrema pobreza; miedo al antisemitismo; no querer empuñar armas para matar.

Aún en mi tierra natal, hace 17 años, explorándome y recuperándome autogestionariamente de una crisis de salud muy grave, fui consciente de la vivencia de exilio, heredada, que impregnaba mi forma de recibir e interactuar con las circunstancias.

A principios del año 2004 emigré desde Argentina a España. El detonante de la decisión de partir fue enamorarme de alguien que vivía aquí y comprometernos a comenzar una vida compartida. No obstante, intuía otras motivaciones. Entre las más o menos conscientes estaban: la búsqueda de una vida más feliz lejos de los comportamientos naturalizados por la cultura predominante en mi país natal; “tomar aire fresco” en un contexto humano diferente; desapegarme volviendo a empezar una vida profesional y social sin los “prestigios”, las certificaciones académicas y la red de contactos previas, poniendo en relieve lo no material (experiencia, saberes, capacidades, el amor del universo que colma y recibe). No es casualidad que el último espectáculo teatral que creé en Argentina se llamara “Quién voy / Adónde soy”. Quizás esa sea una pregunta heredada…

Desde hace unos años me formo y participo activamente en una fundación que, entre otras tareas, acompaña a personas en fase de muerte y a quienes quedan. Sin embargo y a pesar del habitual contacto y estudio del proceso de duelo, nunca me había detenido a “sentipensar” amable y honestamente el proceso de duelo de mi propia migración…

Pese a que mi partida no fue forzada por una guerra o la persecución política, he de reconocer que cooperaban el dolor por la violencia y la impunidad hechas sistema de gobierno y gestión y la desmantelación educativa y cultural combinadas con una pasividad social cómplice, además de contenidas carencias afectivas. Ignoraba que la integración en este nuevo territorio, sobre todo la subsistencia, llevaría casi todas mis fuerzas, dándome momentos muy bellos y otros no tanto, algunos de gran crecimiento, otros capaces de mermar la autoestima.

el viaje
Ilustración del libro: TAN, Shaun (2006). Emigrantes. Bárbara Fiore Editora.

Problema o punto ciego, aspectos éticos

“Escucháis”, dijo el Maestro, “no para descubrir nada nuevo, sino para dar con algo que confirme lo que pensáis. Discutís, no para hallar la verdad, sino para defender vuestra manera de pensar”. Y contó la historia de aquel rey que, al pasar por una pequeña ciudad, vio que por todas partes había señales de la presencia en ella de alguien dotado de una asombrosa puntería: en árboles, vallas y paredes había infinidad de dianas con un agujero de bala en el mismísimo centro. Cuando quiso que le presentaran a tan extraordinario tirador, éste resultó ser un muchacho de diez años. “¡Es increíble!”, dijo el rey asombrado. “¿Cómo demonios lo haces?” “Es muy fácil, Majestad”, le respondió. “Primero disparo, y luego dibujo la diana”. “Lo mismo hacéis vosotros: primero sacáis vuestras conclusiones, y luego construís en torno a ellas vuestras premisas”, dijo el Maestro. “¿Acaso no es así cómo os las ingeniáis para aferraros a vuestra religión o a vuestra ideología?”
De Mello, A. (1993)

Leyendo estudios sobre la salud de los migrantes, en particular sobre la incidencia de estados depresivos, he encontrado lo siguiente:
  • Las estadísticas son parciales ya que:o no hay forma de cuantificar y estudiar a los migrantes ilegales,
    • o están diseñadas más para corroborar las ideas previas de quien rubrica que para confrontar los hechos más allá de los prejuicios políticamente correctos;
    • o surgen mayormente de la necesidad de justificar o criticar la existencia de determinadas políticas económicas, sociales y sanitarias, por personas o equipos que no son migrantes y ostentan cierto paternalismo más o menos amigable;
    • o existen análisis escasamente integrativos, con visiones predominantemente enfocadas en una de estas disciplinas: la economía, la legislación, la historia, la sociología, la salud pública, la psiquiatría, la psicología…
  • Cuando se habla de los aspectos positivos de las migraciones, sólo se hace mención a:
    • o el aumento de la “calidad de vida” del migrante,
    • o el flujo de remesas a los países de origen,
    • o la compensación del envejecimiento de la población que recibe,
    • o y sólo ocasionalmente, el enriquecimiento cultural.
En este momento, en España, la población africana, latinoamericana y asiática constituye un importante porcentaje de los pacientes psiquiátricos. Pese a ello, el problema de la salud mental de los migrantes en nuestro país apenas ha sido motivo de interés, ya que generalmente, políticos y medios masivos de información, ponen en relieve a esta población respecto a los problemas infecciosos o de morbilidad y consumo de servicios. Hay una gran escasez de estudios actualizados y bien diseñados en los países de origen, estando la mayoría de ellos realizados en población general de países europeos o norteamericanos. Esto implica que la posibilidad de realizar un análisis correcto del antes y el después de la migración sea muy escasa. Abundan más estudios cuantitativos que cualitativos. En síntesis, siguen prevaleciendo las visiones etnocéntricas paternalistas y economicistas, donde la migración no es aceptada como natural sino interpretada como una anomalía, sin genuina valoración del tesoro humano universal que cada persona (migrante, en este caso) porta y aporta. Además, no hay un cuestionamiento epistemológico sobre los sistemas de creencias desde los que se conoce y se actúa. Estas características no sólo la despliegan los investigadores y divulgadores de las sociedades receptoras sino que, también, más tarde o más temprano, son asumidas y defendidas por nosotros, los propios migrantes.
Objetivos
Sin ser exhaustiva, con el presente escrito pretendo:
  • Sintetizar y organizar la información relevante hallada.
  • Integrar lo hallado con los saberes y conocimientos de mi propio bagaje profesional y vital, a fin de que ocurra un aprehendizaje[1].
  • Desbloquear y desplazar algunas de las limitaciones de mi comprensión/compasión.
  • Profundizar en los condicionamientos cognitivos y culturales que impregnan a la vivencia del cambio llevándonos a valorarla sólo (o predominantemente) como pérdida.
  • Trascender antinomias limitantes como vulnerabilidad confianza.
  • Esbozar una posible intervención terapéutica desde la acupuntura y la tradición alquímica oral trasmitida por el Dr. J. L. Padilla y su escuela.

[1] Como es sabido, dentro del ámbito de la educación, aprehender se usa en el sentido de “atrapar” el conocimiento de modo significativo, haciéndolo propio de modo duradero, y no solamente para lograr aprobar un examen o pasar de curso, que puede entenderse como aprender.

Te agradezco tu opinión